jueves, 14 de abril de 2016

Actuación del Cuerpo de Seguridad en los atentados contra el Rey D. Alfonso XIII

La historia reciente de España ha sido testigo de la perpetración de varios magnicidios que tuvieron como víctimas a Presidentes del Gobierno de diferentes ideologías y como verdugos a asesinos miembros de bandas anarquistas, de la ETA e incluso de grupos republicanos.

El desastroso siglo XIX, plagado de guerras civiles, pronunciamientos, algaradas, guerras coloniales, cambios de Gobierno, sustitución de la Monarquía por la República, pérdida de peso internacional de España, etc., con la aparición en escena de violentos grupos anarquistas, fue el prólogo de un primer tercio del XX en el que la situación general, antes de cambiar, evolucionó desfavorablemente hasta desembocar en la trágica guerra civil de 1936-1939.


Atentado con SS.MM. los Reyes D. Alfonso XIII y Dña. Victoria Eugenia, el día de su enlace matrimonial (prensa de la época)

Fruto de esta situación de desasosiego general, en la que menudeaba todo tipo de atentados, se propiciaron una serie de magnicidios de los que fueron objeto cuatro Presidentes del Consejo de Ministros, que mantuvieron en vilo a toda la sociedad española, huérfana de protección y seguridad. 

El primero de estos atentados, aunque todavía en pleno siglo XIX, fue el sufrido por el General Juan Prim y Prtas, Conde de Reus, liberal convencido, que murió como consecuencia de las heridas sufridas tras recibir varios disparos en la calle del Turco de Madrid, el 27 de diciembre de 1870. Su autor material, el republicano José Paúl y Angulo, secundado por otros individuos, siendo su autor intelectual, posiblemente entre otros, el Duque de Montpensier, Antonio de Orleans.

Veintisiete años después, concretamente, el 8 de agosto de 1897, moría asesinado a tiros, en el Balneario de Santa Agueda en Mondragón (Guipúzcoa), el conservador Antonio Cánovas del Castillo, siete veces Presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de S.M. el Rey D. Alfonso XII y la Regencia de Dña. Mª Cristina Su autor el anarquista italiano Michele Angiolillo.


El 12 de diciembre de 1912 caía asesinado de un disparo en la madrileña puerta del Sol, el regeneracionista y liberal, José Canalejas Méndez, ostentando el cargo de Presidente del Consejo. Su asesino, el anarquista Manuel Pardiñas Serrano.

Andando un poco más en el tiempo, el 8 de marzo de 1921, era asesinado a tiros, en la también madrileña Puerta de Alcalá, el conservador Eduardo Dato e Iradier, Presidente del Consejo de Ministros, siendo sus autores materiales los anarquistas Pedro Mateu Cusidó, Luis Nicolau Fort y Ramón Casanellas Lluch.

Fuera ya del contexto histórico y cronológico del presente trabajo, el 20 de diciembre de 1973, moría asesinado, en la calle Claudio Coello de Madrid, el Almirante Luis Carrero Blanco, siendo Presidente del Gobierno, como consecuencia de la explosión de una bomba de gran potencia, colocada bajo la calle por la banda terrorista ETA.

Estos atentados pusieron de manifiesto, en la mayoría de las ocasiones, la incapacidad de las fuerzas policiales debida, principalmente, a una más que notable falta de medios tanto humanos como materiales; todo ello propició, en alguno de los casos, tras la perpetración de los atentados, que el poder ejecutivo tomase la decisión firme de resolver tan caótica situación, tal es el caso de las reformas habidas en la Policía Gubernativa tras el atentado sufrido por Eduardo Dato que trajo como consecuencia no sólo la adquisición de moderno material que fue presentado en Madrid al año siguiente, concretamente el 20 de abril de 1922; sino también, como medida colateral, la militarización del Cuerpo de Seguridad.      

Sin embargo, no fueron estos los únicos atentados de que fue testigo la historia patria en el periodo de referencia; en pleno siglo XX, el Rey, D. Alfonso XIII, fue objeto de dos intentos de asesinato, afortunadamente frustrados, que a punto estuvieron de costarle la vida. En ambos, el Cuerpo de Seguridad, tuvo una destacada actuación hasta el punto de frustrar uno de ellos.

El atentado del día de la boda del Rey.


La fecha del 31 de mayo de 1906 tendría que pasar a la historia únicamente por ser en la que contrajo nupcias S.M. el Rey D. Alfonso XIII con la Reina Dña. Victoria Eugenia. Sin embargo, no fue así.


Atentado contra S.M. el Rey D. Alfonso XIII el 13 de abril de 1913 (Prensa de la época)

Madrid, acostumbrada a ser testigo de grandes aconteceres desde su conversión en Villa y Corte, se preparaba a conciencia, desde días antes, para los grandes fastos programados con motivo de la boda real y para las visitas de Estado que iba a recibir. 

Pese a ello, no todo era ambiente festivo. En estos días previos se distribuyeron por la Capital octavillas que amenazaban de muerte al Rey; realmente tales advertencias no se tuvieron en seria consideración, limitándose las fuerzas policiales a intensificar la vigilancia y control de forasteros, así como adoptando determinadas medidas de seguridad de carácter extraordinario que resultarían insuficientes.

El enlace nupcial se celebró en la iglesia de San Jerónimo; una vez concluida la ceremonia, la regia comitiva se trasladó al Palacio de Oriente discurriendo por las calles Alarcón, Lealtad, Alfonso XII, Puerta de Alcalá, Alcalá, Puerta del Sol, Mayor, Bailén y Plaza de Armas. Fuerzas de la guarnición de Madrid cubrían carrera mientras que efectivos del Cuerpo de Seguridad prestaban servicio tras la línea de la Fuerza con el fin de colaborar en la contención de los miles de madrileños que se echaron a las calles para vitorear a la real pareja.

En la impresionante comitiva figuraban un total de 41 carrozas, unas de la Casa Real y otras de Grandes de España, todas ellas de incalculable valor. Cocheros, mayordomos, palafreneros, carreristas, picadores, etc., vestidos a la vieja usanza, junto con 400 caballos, formaban el cortejo.   

A las 14,15 horas, la comitiva real cruzó a la altura del nº 88 de la madrileña calle Mayor con dirección a Palacio. En ese instante, desde una de las ventanas del inmueble, el anarquista Mateo Morral, arrojó, camuflada en un ramo de flores, una bomba sobre la carroza que conducía a SS.MM. los Reyes de regreso a Palacio.

El estruendo fue impresionante y la subsiguiente confusión aun mayor; el atentado produjo un total de 28 muertos e innumerables heridos, entre civiles y militares, tiñendo de luto una jornada festiva en la que el pueblo de Madrid se había volcado a la calle para ver el paso de los Reyes en jornada tan memorable. 

Soldados del Regimiento Wad Ras nº 50 que cubrían carrera en aquel tramo del itinerario; Guardias de Seguridad que prestaban servicio en el recorrido; madrileños que habían salido a la calle a festejar la boda del Rey, no hubo distingos en aquel atentado, el más grave sufrido en Madrid hasta entonces y tan solo comparable con el acaecido aquel trágico 11 de marzo de 2004 en que perdieron la vida 191 personas y otras 1.858 resultaron heridas. 

Como fuerza policial encargada de la seguridad de Madrid, los efectivos del Cuerpo de Seguridad, participaron activamente en el dispositivo establecido con motivo de los esponsales regios; además del servicio de carrera, cubierta, como estaba establecido, por personal de infantería detrás de las tropas de la Guarnición de Madrid, se sumó al dispositivo una Sección de Caballería que acompañaba a la comitiva y que, desde los primeros momentos de confusión, tras la explosión del artefacto, rodeó la carroza de respeto a la que fueron trasladados los Reyes escoltándola hasta el Palacio Real.

Otra Sección de esta misma Unidad se encargó, junto con fuerzas de Marina y de la Guardia Civil, de acordonar la zona de la calle Mayor comprendida entre el Palacio de Capitanía General y el inmueble nº 84, por ser este el escenario de la perpetración del atentado.

En cuanto a las bajas que este hecho ocasionó al Cuerpo destaca el fallecimiento, de resultas de las heridas, del Guardia nº 493, Tomás Oviedo, y las heridas gravísimas sufridas por el Primer Teniente Jacinto Monjas Martín, de resultas de las que fallecería el 31 de octubre de 1907, así como las graves que sufrió otro Guardia del servicio de cordón policial, el corneta Agustín Chueca. 


El anarquista Rafael Sancho Alegre conducido por efectivos de los Cuerpos de Vigilancia y Seguridad tras la comisión de la tentativa de regicidio (prensa de la época)

Cabe destacar, igualmente, la actuación del Guardia Jesús Gutiérrez quien, tras la comisión del atentado, localizó en el pretil de los Consejos, envuelta entre trapos y papeles, una segunda bomba compuesta por 250 gramos de dinamita y pólvora, así como una importante cantidad de metralla con cerca de 90 proyectiles, trozos de hierro y cabezas de clavos. El Guardia se hizo cargo del artefacto que fue conducido para su análisis al Parque de Artillería.

Dada la colocación de esta segunda bomba se especuló con la posibilidad de que estuviera lista para estallar en el instante en que lo hizo la que arrojó Mateo Morral y así coger a la carroza regía entre dos fuegos. Esta nueva hipótesis, generada tras el hallazgo de la segunda bomba, podría descartar la de que el atentado fuese obra de dos anarquistas - el otro sería el encargado de fabricar el artefacto y de hacérselo llegar al autor material del atentado - actuando en solitario, obedeciendo la acción a un plan preconcebido en el que pudieron intervenir más terroristas prueba de ello es que finalmente se practicaron varias detenciones entre los miembros de un grupo libertario que se hacía llamar "el de Mayor" e incluso la del periodista José Naskens, director del periódico anti monárquico "el Motín", quien ayudó a Mateo Morral en su huída de la calle Mayor.

Como dato curioso resaltar, que con ocasión del enlace matrimonial de SS.MM. los Reyes, el Escuadrón de Caballería del Cuerpo de Seguridad de Madrid, estrenó como prenda de cabeza el más tarde tan denostado Casco de fieltro inglés, usado por el Cuerpo hasta el advenimiento de la II República, cuya declaración como reglamentario venía gestándose desde 1903.

Otro dato para la historia que pone de manifiesto las incongruencias y la sinrazón del Frente Popular, durante la Guerra Civil, fue el hecho de que el Ayuntamiento de Madrid bautizase a la calle Mayor con el nombre del terrorista asesino Mateo Morral e incluso la hoy rotulada con el nombre de San Cristóbal llegó a denominarse travesía de Mateo Morral, toda una afrenta a los 28 muertos y un centenar de heridos que dejó aquel brutal atentado. 

Nuevo atentado contra el Rey.

  
Mañana de primavera en aquel Madrid de 1913, domingo 13 de abril. Día de fiesta en la Capital de España. El Paseo de la Castellana va a ser testigo, un año más, como otras avenidas y plazas de distintas ciudades españolas, de la Jura de Bandera de los Reclutas de aquel reemplazo. Las calles están abarrotadas de público que vitorea el paso de las Tropas y espera la llegada del Rey.

Junto a la vistosidad que a estos actos le imprime la Guardia Real, los Húsares o los Lanceros, este año hay que añadir la presencia de Fuerzas Regulares Indígenas de infantería y caballería venidas del Protectorado marroquí.

Reclutas de los Regimientos de Infantería de Línea del Rey, León, Saboya, Wad Ras, Asturias y Covadonga; de Cazadores de Madrid, Barbastro, Figueras, Arapiles, Navas y Llerena; Regimiento de Telégrafos; Regimiento de Ingenieros; 2º Regimiento de Zapadores Minadores; Regimiento de Ferrocarriles; Centro Electrotécnico; Regimiento de Telégrafos; Brigada de Estado Mayor; 2º y 4º Regimientos de Artillería y 10º Montado; Regimientos de Caballería de la Reina, Príncipe, Princesa, Pavía y María Cristina; Regulares Indígenas; Intendencia y Sanidad. Academias de Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros e Intendencia y fuerzas de la Guardia Civil, van a prestar el solemne juramento a la Bandera ante las Banderas y Estandartes de sus respectivos Cuerpos.  

Tras la Misa y la toma de juramento a los Reclutas ante la enseña del Regimiento de Infantería de Línea del Rey nº 1, en representación del resto de Banderas y Estandartes, comienza la jura.

Concluido el acto formal de juramento se inicia el brillante desfile en el que participan, además de las unidades ya referidas, fuerzas de Infantería de Marina y marinería del Crucero Carlos V. La muchedumbre ovaciona el paso de los Soldados mientras el aire madrileño se llena con los sones de las airosas marchas militares. Los efectivos del Cuerpo de Seguridad dispuestos en el itinerario tienen que emplearse a fondo para contener la gran riada humana.

El acto ha concluido. El Rey, a caballo, entra en la Cibeles y se dirige a la de Alcalá. Fuerzas del Cuerpo de Seguridad de infantería y caballería prestan servicio de cordón y recorrido evitando que el público, que vitorea al monarca, rebase los límites establecidos.

De repente, a la altura del nº 48 en la desembocadura de la calle del Turco – de triste recuerdo -, de entre la muchedumbre se adelanta un joven rubio, vestido correctamente, que abre fuego dos veces consecutivas sobre el Rey al que no logra alcanzar.


Atentado contra S.M. el Rey el día de la Jura de Bandera de 1913 en Madrid. En primer término un Guardia de Seguridad con el uniforme del Reglamento de 1911 (prensa de la época)

Rápidamente dos Guardias de Seguridad se abalanzan sobre el regicida para desarmarlo, pese a todo logra hacer un tercer disparo que hiere a un Agente de Vigilancia que daba escolta al Rey. Entre tanto el Guardia nº 91, Gumersindo Núñez de la Rosa, del Distrito de Centro, junto al Teniente Esteban Molino y el también Guardia con nº 19, Vicente Canaleda, ambos pertenecientes a la primera Compañía de Seguridad, logran la neutralización y detención del asesino, ocupándole un revolver Puppy-Velodog.

Hubo escenas de pánico entre el público huyendo alguno del lugar mientras otros rodeaban al autor del criminal atentado y a los Guardias que lo tenían retenido, haciéndose necesaria la presencia de más efectivos del Cuerpo de Seguridad que trasladaron al individuo al interior de un portal para evitar su linchamiento.

El detenido de filiación anarquista, autor del atentado, fue identificado como Rafael Sancho Alegre, barcelonés, de 26 años.

Además de los efectivos mencionados, en la detención de este individuo participaron varios Agentes de Vigilancia y dos Soldados de la Guarnición de Madrid. En este sentido señalar que de resultas del gran tumulto formado sufrió una distensión en un pie el Guardia nº 76, Miguel Gil.
Posteriormente, a las tres de la tarde, escoltado por una pareja de Seguridad y por efectivos de Caballería del Cuerpo fue trasladado, en un vehículo, el anarquista a la Dirección general de Seguridad teniendo, la caballería, que disolver al público concentrado que pretendía lincharlo.

En aquella ocasión la Policía fue efusivamente felicitada por la rapidez de su intervención evitando que se consumase el regicidio; incluso el Guardia Canaleda, autor material de la detención, fue paseado a hombres por la muchedumbre que se manifestó hasta las puertas del Palacio de Oriente.

El Rey ofreció al Guardia Canaleda un premio especial de 500 pesetas, siendo también premiado económicamente por el Director General de Seguridad.

Junto al Guardia fueron premiados los Agentes de Vigilancia Rafael Guijarro Cuenca, herido en el atentado, y Francisco Fernández Prados que marchaba a la derecha del Rey.

Posiblemente este atentado constituya una de las páginas más desconocidas de nuestra historia patria y especialmente de la historia particular de la Policía Española, pese a tratarse de un servicio brillante que realizaron efectivos de los Cuerpos de Seguridad y Vigilancia, impidiendo con su decisiva actuación y merced al establecimiento de un correcto dispositivo de seguridad, el asesinato de S.M. el Rey D. Alfonso XIII.

Bibliografía:

Historia de España. Marqués de Lozoya
Hemeroteca de ABC
50 años de vida política española. José Luis Fernández Rúa
Revista Policía Española
El Cuerpo de Seguridad en el reinado de Alfonso XIII (1908-1931. Mismo autor que el presente trabajo
El Ejército en el Reinado de Alfonso XIII. Blanco y Negro. Madrid
José Eugenio Fernández Barallobre
(artículo publicado en la Revista "Policía")
                                   








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