jueves, 14 de abril de 2016

La uniformidad del Cuerpo de Seguridad (1908-1931). Introducción

1º.- Introducción.


El estudio de la evolución de la uniformidad de un Cuerpo supone, de alguna manera, analizar un poco de su alma, ese trozo de alma que se asoma a los ojos del observador permitiéndole acceder a su etiología; colores, hechuras o formas de los uniformes guardan íntima relación con aquello que se espera, la razón de ser, de los hombres y mujeres que los visten e incluso de la función que para ellos les ha asignado el Estado. Por ello, si conocemos la forma de vestir de una Institución conoceremos también una buena parte de su historia y evolución.


Todas las modas, y en materia de uniformidad no puede ser de otra manera, suponen ajustar la vestimenta a nuevas corrientes imperantes que sirven como modelo o simplemente constituyen la respuesta a unas exigencias sociales, estéticas o de operatividad que demandan esos cambios. En cualquier caso la experiencia que provoca la evolución de los tiempos trae como consecuencia lógica, al menos en lo que se refiere a las formas de vestir de los Cuerpos e Institutos armados, que las modificaciones mejoren no solo la calidad de los materiales empleados en la confección de las prendas, sino también, sin prescindir de conceptos estéticos, convertirlas en más prácticas y operativas.


Uniformes del Ejército español tras la Restauración borbónica (colección particular)


El Cuerpo de Seguridad, antecedente del actual Cuerpo Nacional de Policía, nace de la Restauración tras la proclamación de Alfonso XII como nuevo Rey de España (1), y se mantiene vigente, con las modificaciones incluso de nomenclatura operadas durante la época de la II República, hasta 1941 en que se crea para sustituirlo el Cuerpo de la Policía Armada y de Tráfico. 



Durante estos años, nos referimos exclusivamente a los de la Monarquía, la uniformidad del Cuerpo evolucionó en consonancia con las modificaciones habidas en el Ejército del que siguió el rastro. Sin embargo, es durante el reinado de D. Alfonso XIII cuando sucesivos Reglamentos y disposiciones nos permiten acercarnos de una manera directa al estudio de los uniformes usados por todos los empleos y categorías del Cuerpo; hasta ese momento, la falta de datos o la ambigüedad de los encontrados tan solo nos aproximan un poco a su realidad, dejando una buena parte a la lógica reflexión de quien lo estudia. Por ello centraremos el presente trabajo, especialmente, en los años comprendidos entre 1908, fecha de publicación de la primera Cartilla de Uniformidad tras la promulgación de la Ley de 27 de febrero, con la que comienza realmente el despliegue del Cuerpo por toda España, y 1931, fecha de proclamación de la II República; ahondando también en los antecedentes habidos desde 1886, fecha de nacimiento del Rey D. Alfonso XIII, aunque el acceso a estos datos es mucho más limitado por la falta casi absoluta de documentación al respecto si hacemos excepción de la Cartilla de 15 de junio de 1887, primera tras la proclamación como Rey de D. Alfonso XIII. 


El periodo elegido para el estudio de la uniformidad del Cuerpo de Seguridad no puede ser más interesante y complejo. Hablamos de los años del reinado de S.M. D. Alfonso XIII - 1886-1931 - cuando todavía las distintas Armas y Cuerpos del Ejército vestían sus vistosos y coloristas uniformes de paño. Años de alamares, pellizas de cuello de astracán, vivos gracé o verdes, dolmanes, kalpaks, dragonas o roses con bombillos y madroños y en los que se sucedieron Ordenes y Reglamentos modificativos de la uniformidad; años en los que se estableció el uniforme llamado de verano; se modificaron las divisas, despareciendo galones y dejando tan solo las estrellas; se definió como reglamentaria la gorra de plato quedando sin efecto el uso de la teresiana como prenda cubrecabeza de reglamento; se reglamentó el llamado "uniforme único"; etc., cambios que afectaron al menos una parte de ellos, como iremos viendo, al personal del Cuerpo de Seguridad. 

Bien sea por el hecho de la procedencia de sus Jefes y Oficiales, bien por tratarse de un Instituto organizado militarmente, lo cierto es que la uniformidad del Cuerpo de Seguridad desde su creación, y de manera más concreta la de sus Jefes y Oficiales, ha mantenido un estrecho paralelismo con la de sus homónimos del Ejército y de manera especial con los pertenecientes al Arma de Infantería, respetando algunas peculiaridades propias en materia de color y emblemática corporativa; de ello hablan Reglamentos, Ordenes y Circulares que se expresan con frases tan elocuentes y que no dejan lugar a dudas como "la de reglamento en el Ejército...", "... la que usan los Oficiales de Infantería..." o "... el del uniforme de Infantería...", al referirse a tal o cual prenda de la uniformidad, incluso del armamento individual. Todo ello ha provocado que con la publicación de un nuevo Reglamento u Orden que afectase a la uniformidad del Ejército, seguidamente se dictasen normas para adecuar la del Cuerpo de Seguridad a estas nuevas disposiciones, aunque en muchos casos estas fuesen promulgadas por medio de Circulares de régimen interno de más que difícil acceso. 

Y no solamente se han ido adecuando las distintas prendas del uniforme, sino también, y este es un detalle importante muy a tener en cuenta, la forma de utilizarlo dependiendo de las circunstancias concretas de cada caso: gala, media gala, servicios de armas, formación, presentaciones, actos sociales, etc. 

Sin embargo también creemos que, al menos desde 1911, se siguió un poco la estela de la uniformidad dictada para la Guardia Civil, por ejemplo en la adopción del uniforme de verano muy similar al establecido ese mismo año para este Cuerpo; incluso cuando la Benemérita adoptó entre 1912 y 1913 el uniforme completo gris verdoso que iba provisto de tresillos y portezuelas de color grana en cuello y bocamangas, un año después - 1914 - se estableció en Madrid un nuevo uniforme estival para el Cuerpo de Seguridad todo de lanilla gris. 

Algo similar debió suceder con el escudo y cifras, usados en prendas cubre-cabeza, hebillas de ceñidor o cuellos, que en buena medida, incluso en su evolución, guardan ciertas similitudes con los diseñados para la Guardia Civil, como también parecen guardarlas las carteras usadas por Clases y Guardias para el servicio. 

Analizando la evolución de la uniformidad del Cuerpo de Seguridad en el periodo propuesto, nos encontramos con estereotipos propios de las modas nacionales de la época pero también con otros elementos de clara inspiración extrajera que son los que, a la postre, establecen las diferencias, marcando signos propios de identidad. En este sentido, prendas como el ros o la teresiana - aunque esta no sea de origen hispano -, tan utilizadas por el Ejército español a lo largo de los últimos años del siglo XIX y parte del XX o el uniforme de rayadillo evocador de las postreras aventuras coloniales, conviven con elementos de tan poca inspiración española como el llamado "casco de fieltro inglés", más propio de países de tradición sajona como Inglaterra o los propios Estados Unidos, que fue adoptado como reglamentario para la Sección de Caballería de Madrid el 3 de diciembre de 1903 y estrenado a mediados del año siguiente, 1904, probablemente porque los cánones en el vestir británico, al menos a nivel policial, se estaban imponiendo por aquellas calendas, prueba de ello es que no solo fue el Cuerpo de Seguridad, sino también algunas Policías Municipales de Ayuntamientos importantes las que usaron esta peculiar prenda de cabeza, fuente constante de malestar y veladas protestas por parte de sus usuarios. 

Si nos atenemos a los años a los que ceñimos este trabajo, nos encontramos en un escenario nacional en el que se pasa de tener presencia ultramarina en tres continentes, manteniendo, pese a las tradicionales penurias de la economía nacional, un estatus relevante en el concierto de las Naciones, al triste recuerdo de la pérdida de las últimas colonias que puso fin no solo a cuatro siglos de presencia americana y más de tres en el archipiélago filipino, sino también a una larga sangría de vidas en aquellas postreras guerras coloniales que al final, pese al valor tantas veces demostrado por nuestros soldados, no sirvieron para mantener nuestra presencia en aquellos territorios. 

Concluidas aquellas campañas, el Ejército, constreñido ahora su despliegue al territorio nacional y a unos reducidos enclaves africanos ampliados tras la firma del Tratado de Algeciras (1906), por el que asumimos el protectorado de una parte del territorio marroquí (2), mantiene vivo el recuerdo del esplendor de glorias pasadas contagiando patriotismo al pueblo, con el fin de recuperar el maltrecho sentido nacional, por medio de desfiles, juras de Bandera en las principales avenidas y plazas de las ciudades, ceremonias castrenses, solemnes relevos de la Guardia en Palacio, etc.; en ellos, infantes y jinetes, artilleros e ingenieros, incluso las aguerridas tropas coloniales (3), lucen sus vistosos uniformes de paño que siguen enardeciendo a las gentes a su paso. 

Hablamos de años en los que todavía se mantienen en armas los Regimientos de Húsares, de Dragones, de Lanceros o de Cazadores, en lo referente al Arma de Caballería, con sus vistosos uniformes de color provistos de colbacs, chacós, cascos de pincho como prendas cubre-cabeza; Unidades que poseían magníficas Escuadras de Batidores y Bandas montadas que resaltaban por su elegancia y marcialidad; años en que las demás Armas y Cuerpos del Ejército y de la Armada visten con sus elegantes uniformes de paño que aportan a desfiles y paradas un cromatismo singular, sin pasar por alto las Unidades procedentes de África, especialmente los Regulares (4), formadas, en buena parte, por personal indígena que confieren a las paradas un componente de exotismo difícilmente parangonable.


Batidores del Regimiento de Cazadores de Galicia nº 25 (Archivo Municipal de La Coruña)

Es pues, en este contexto histórico, donde nos moveremos para comenzar el análisis de la evolución de la uniformidad del Cuerpo de Seguridad que vistieron, precisamente, muchos de aquellos hombres convertidos en héroes, en algún caso incluso anónimos, en las últimas campañas ultramarinas o en las siempre sangrientas acciones africanas y que encontraron en la Policía no solo su profesión sino también su vocación.


Si conviene señalar, llegado a este punto, que los sucesivos cambios y mejoras que se van operando en la uniformidad del Cuerpo durante estos años lo alejan de épocas de una alarmante penuria puesta de manifiesto no solo en las constantes quejas de sus integrantes, calladas en la mayoría de los casos, sino también plasmadas en las páginas de los periódicos de la época donde encontramos opiniones y comentarios auténticamente demoledores; basta con echar un vistazo a alguno de ellos para comprender la situación en la que se encontraba la Policía uniformada a principios del pasado siglo XX. "La Nación Militar" en su número 135, correspondiente al 28 de julio de 1901, puede servirnos de ejemplo para ilustrar lo antedicho ya que es más que elocuente en el comentario que inserta en su página 229, "... las fuerzas de Orden Público y los Cuerpos de Seguridad apenas se ven en provincias, como no sea representados por algún guardia mal trajeado y sucio, que antes inspira lástima ó asco que respeto. El Cuerpo de Seguridad de Madrid es ya el obligado objeto de chunga en toda obra del género chico, y lealmente por su organización y reclutamiento puede servir para bien poca cosa".


Probablemente la crítica sea desmesurada obedeciendo más bien a una apreciación subjetiva y enconada del redactor, sin embargo desgraciadamente no es la única referencia en este sentido que hemos encontrado en las páginas de los periódicos de la época; por otra parte, si nos detenemos a recordar alguna de las obras más representativas de nuestra Zarzuela y más concretamente las pertenecientes al llamado "género chico" (5), encontraremos en una buena parte de ellas la estereotipada figura de la pareja de Guardias de Seguridad, generalmente representada por individuos de mal porte que dramatizan en exceso los defectos con el fin de resaltarlos y con una indumentaria no excesivamente cuidada. Críticas de este tipo las vamos a encontrar a lo largo de todo el periodo, sin embargo también encontraremos loas, a veces entusiastas, a las diferentes modificaciones operadas en la uniformidad del Cuerpo.

Creemos, pues, que este trabajo puede resultar de interés no solo para los actuales integrantes del Cuerpo Nacional de Policía, herederos y depositarios del historial del Cuerpo de Seguridad, que podrán descubrir algo más de su historia corporativa, sino también para todas aquellas personas interesadas en el estudio de la uniformidad de las Fuerzas Armadas y de los Cuerpos de Seguridad que encontrarán en él algunos datos de difícil localización para una mejor comprensión de la evolución uniformológica de este Cuerpo policial uniformado. 

Para la recogida de los datos que aparecen en el presente estudio hemos recurrido a todas las fuentes disponibles, no siempre suficientes desgraciadamente. Desde la Gaceta, antecedente del actual Boletín Oficial del Estado; pasando por los Manuales y Cartillas de uniformidad del Cuerpo de Seguridad; la Revista Oficial del Cuerpo; el Boletín Oficial de los Cuerpos de Vigilancia y Seguridad; las Colecciones Legislativas del Ejército; el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra; la prensa de la época, fuente siempre prolífera en información; hasta la poca bibliografía existente que aborda el historial del Cuerpo o la más nutrida que refiere la evolución de los uniformes de nuestro Ejército e incluso a viejas fotografías de la época en las que aparece personal del Cuerpo, vistiendo tal o cual uniformidad. En todas ellas hemos tratado de encontrar respuesta a las múltiples incógnitas que han ido surgiendo paso a paso a lo largo de la confección de este trabajo. 

Lamentablemente, no todos los datos encontrados y manejados figuran en disposiciones oficiales insertadas en la Gaceta ni en otra publicación de carácter similar; tampoco el Cuerpo de Seguridad publicó, como si lo hizo y hace el Ejército, Colecciones Legislativas que recojan todo el conjunto de Ordenes, Circulares o Disposiciones que afecten al régimen interno del Cuerpo; para colmo tampoco muchas de esas Circulares u Ordenes han llegado a nosotros, suponemos que por haberse perdido para siempre o por dormir en algún viejo legajo al que no hemos tenido acceso, viéndonos en la necesidad de utilizar como única fuente, en algunos casos, las páginas de los periódicos que insertan crónicas o comentarios relativos a tal o cual modificación en la uniformidad corporativa, con la falta de concreción que a veces ello entraña. 

Igualmente sospechamos que algunos de los cambios operados, a los que hemos podido acceder por medio de fotografías de la época, se registraron tan solo en la guarnición de Madrid, no llegando a las provincias más que tardíamente o, en algún caso, ni siquiera llegaron. Esta sospecha se torna en afirmación corroborada en los preámbulos de alguno de los Reglamentos de Vestuario e incluso en alguna Real Orden del Ministerio de la Gobernación en la que se resalta la siempre elocuente frase de "para unificar la uniformidad del Cuerpo de Seguridad...", señal inequívoca que tal voluntad unificadora no se había logrado al menos hasta ese momento y que únicamente creemos que comienza a hacerse realidad tras la publicación del Reglamento de Vestuario de 2 de agosto de 1920 y la Cartilla de uniformidad de 20 de septiembre siguiente, una fecha tardía si tenemos en cuenta la de creación del Cuerpo. 

Por otra parte, el hecho de que las diferentes prendas de los uniformes no fuesen, como en la actualidad, entregadas sin cargo, teniendo que ser abonadas por los interesados contra la cantidad que se les deducía para tal fin, reflejada en los tarjetones individuales, obligaba a los usuarios a dilatar lo más posible el tiempo de vida efectiva asignada a cada prenda, llegando en muchos casos a su límite lo que actuaba, de una parte, en menoscabo de la imagen que podían ofrecer los Guardias que, de lo contrario, se veían incluso a veces forzados a tener que abonarlas contra su maltrecho peculio personal, y de otra, a que las sustituciones de prendas en desuso por las nuevas reglamentarias tardasen en verificarse, al menos hasta el fin del plazo de carencia asignado a cada cambio. 

Esta situación de lamentable penuria provocó, en más de una ocasión - la prensa se hizo eco de ello en numerosas oportunidades - que con motivo de la práctica de una detención o por razón de cualquier intervención, se reclamasen daños en las prendas de la uniformidad con lo cual se podía reemplazar alguno de los elementos de la uniformidad sin coste adicional alguno, una pícara respuesta ante la necesidad provocada por los tradicionales bajos sueldos de los miembros de la Policía y que comenzó a paliarse tras la publicación del Reglamento de Vestuario de 1920 al que hemos hecho alusión. 

Hay que añadir que, durante estos primeros años, existió cierta permisividad por parte del mando, especialmente en plantillas aisladas, que permitió no solo no ajustar la uniformidad a la reglamentaria, sino también combinar ciertas prendas de uno u otro uniforme o incluso prolongar la vida de un uniforme cuyo cambio ya había sido decretado. Esta afirmación la apoyamos en la observación de fotografías de la época que nos permiten detectar estas anomalías. 

Otro hándicap añadido, resuelto tras la promulgación del Reglamento de Vestuario de 1920, es la falta de Oficinas de Vestuario capaces de coordinar estos aspectos en todas las guarniciones lo que contribuía, más si cabe, a que existiese cierta "anarquía" en la uniformidad del Cuerpo. 

Como se ha señalado, la primera referencia seria y formal a la uniformidad del Cuerpo de Seguridad, en el periodo de estudio (1908-1931), la encontramos en el Manual aprobado por R.O. 10 de abril de 1908 en el que se describen, de forma detallada, los uniformes que visten los Jefes y Oficiales, Clases y Guardias tanto de las secciones de Infantería como de Caballería. Se trata de la primera Cartilla de uniformidad, al menos la primera que conocemos, dictada tras la promulgación de la Ley Orgánica de la Policía Gubernativa de 27 de febrero de ese mismo año y en consecuencia refiere los uniformes que a esa fecha utilizaban los hombres del Cuerpo de Seguridad que venían prestando servicio y cuyas modificaciones, hasta llegar al que con detalle describe la referida Cartilla, se operaron a lo largo de los años precedentes. 

Como antecedente más remoto a esta Cartilla está el Real Decreto de 6 de noviembre de 1877 - fecha a la que atribuimos la creación del Cuerpo de Seguridad - (6), por el que se organiza la Policía Gubernativa de Madrid que señala como uniformidad para los componentes del Cuerpo guerrera y pantalón negros; teresiana como prenda cubre-cabeza para Clases y Guardias; ros para los Oficiales y capote de paño negro para invierno; todo ello supone ciertas modificaciones con relación a los datos relativos a la uniformidad de su antecesor el Cuerpo de Orden Público que, de acuerdo con las últimas subastas para la confección de sus uniformes, publicadas en la Gaceta con fechas 22 de julio de 1874 y 23 de diciembre de 1875, se describía, de forma también muy vaga, como compuesto por levita, pantalón y capote ruso. 

Sin embargo no es hasta el 15 de junio de 1887 en que, por una Real Orden, que encontramos citada como antecedente y referencia en varias disposiciones oficiales posteriores relativas a la uniformidad del Cuerpo, se establece el uniforme para Jefes y Oficiales de Seguridad, de acuerdo con el que era reglamentario aquel año para los de sus mismos empleos del Ejército y que se deriva de lo reglamentado en 1886 que modificó la uniformidad militar con motivo del nacimiento y subida al trono de S.M. el Rey D. Alfonso XIII, bajo la regencia de su madre Dña. María Cristina de Habsburgo.

Soldados del Regimiento de Cazadores "Sesma nº 22" con uniforme de rayadillo. Este Regimiento, en 1911 pasó a denominarse Regimiento de Cazadores de "Victoria Eugenia" en honor a S.M. la Reina (colección particular)



Este interesante documento, denominado Reglamento de Uniformidad para el Cuerpo de Seguridad, describe todas y cada una de las prendas, así como las divisas que deberán vestir y lucir los Jefes y Oficiales, Clases y Guardias del Cuerpo y, con relación a Jefes y Oficiales, está "dictada con arreglo a la que en aquella fecha existía en el Ejército" (7), por tanto debe servirnos como punto de partida para conocer la evolución de la uniformidad de Seguridad, pese a que esta tuvo, como es lógico, unos antecedentes de los que hemos hablado.


Consecuentemente, si tomamos como buena la fecha de 6 de noviembre de 1877 como la de fundación del Cuerpo de Seguridad tras la promulgación del R.D. que reorganiza la Policía Gubernativa de Madrid, nos encontramos en los años iniciales de la Restauración una serie de disposiciones, tanto en el reinado de S.M. don Alfonso XII (1874-1886), como en el de su sucesor don Alfonso XIII (1886-1931), incluida la minoría de edad de este monarca y la regencia de su madre doña Mª Cristina, que afectaron a la uniformidad de todo el Ejército y, por supuesto, al Arma de Infantería y que, consecuentemente, debieron tener eco en el Cuerpo de Seguridad, así como alguna instrucción - especialmente la Cartilla de 1887 - que afectó en exclusiva al Cuerpo y que enmarcaremos dentro de los antecedentes previos a la promulgación de la primera Cartilla de Uniformidad de abril de 1908.

Evidentemente no todas las disposiciones dictadas para modificar la uniformidad del Ejército fueron de aplicación para el Cuerpo de Seguridad como iremos viendo; en este apartado se encuentra todo lo referido a emblemática y, como se ha señalado a colores y vivos, sin embargo el aspecto general y hechuras del uniforme si tendría que ser coincidente, en lo demás, con el usado por los infantes.

Por todo ello, haremos solo alusión a aquellas Ordenes y Circulares que creemos, a nuestro juicio, tuvieron repercusión en el Cuerpo, obviando aquellas otras que, a buen seguro, no le fueron de aplicación. En este sentido, el material fotográfico al que hemos podido tener acceso nos ha permitido corroborar estas coincidencias. 

Otra buena fuente de información, también tenida en cuenta, es la proporcionada por la colección de láminas publicada, en su día, con mucho acierto, por la Revista "Policía" que recoge con bastante fidelidad la evolución del uniforme del Cuerpo de Seguridad y que nos hemos permitido incluir en el presente trabajo. 

En lo que se refiere al Cuerpo de Seguridad en sí mismo, la columna vertebral en materia de uniformidad se apoya, además de la antedicha R.O. de 15 de junio de 1887, en la Cartilla de Uniformidad de abril de 1908 ya mencionada; en el Reglamento de Uniformidad de 7 de diciembre de 1908 y en el modificativo de 18 siguiente; en el Reglamento de Vestuario de 2 de agosto de 1920 que consideramos como el primero que realmente unifica toda la uniformidad del Cuerpo al crear Oficinas de Vestuario y en la Cartilla correspondiente de 20 de septiembre de ese mismo año; en las modificaciones de uniformidad dictadas con fecha 20 de noviembre de 1922; en el Reglamento de Vestuario y Cartilla de Uniformidad de 6 de agosto de 1925 y en las disposiciones relativas a vestuario y equipo contenidas en el Reglamento Orgánico de la Policía Gubernativa de 25 de noviembre de 1930. 

En consecuencia serán estos Reglamentos y Ordenes los que analizaremos con detenimiento describiendo los detalles de la uniformidad en cada caso, buscando su paralelismo con los de uso en el Ejército en fechas coincidentes. 

Finalmente, aunque de forma somera, hemos abordado el tema de la uniformidad del Cuerpo de Seguridad creado en la Zona Española del Protectorado de Marruecos por un Decreto de 15 de diciembre de 1929 que, aunque sin relación alguna con el existente en España, sí guarda similitud en nombre y funciones con él, motivo por el cual hemos creído que, aun a modo de breve referencia, debería figurar en estas páginas. 

De igual modo, como señalamos anteriormente, nos hemos permitido incluir en este trabajo la colección de láminas que en su día, con mucho acierto, publicó la revista "Policía", tratando de acercar a sus lectores un tema tan atractivo como el estudio de los uniformes utilizados por el Cuerpo de Seguridad en la época que abordamos en el presente estudio. 

Resta simplemente llamar la atención sobre un aspecto que consideramos fundamental y que no es otro que la falta de rigor a la hora de tratar de preservar todos aquellas Ordenes, Circulares y otros documentos que constituyen la historia de la Policía Española que, por uno u otro motivo no han llegado hasta nuestro días, perdiéndose para siempre. Sería deseable que a instancias de la propia Institución se realizasen las tareas investigativas necesarias para poder localizar todos aquellos que todavía pueden ser rescatados de archivos, viejos legajos o perdidos almacenes, en la inteligencia de que tal acervo constituye una parte importante de nuestra historia corporativa. 

Notas: 

(1) Reglamento de 6 de noviembre de 1877 organizador de la Policía Gubernativa de Madrid y Reglamento para los Cuerpos de Seguridad y Vigilancia de fecha 18 de octubre de 1887. 
(2) Se hizo efectivo tras la firma del Tratado de Fez en marzo de 1912. 
(3) En abril de 1913 los Regulares participan en Madrid en la Jura de Bandera del Reemplazo de aquel año, el mismo día en que S.M. D. Alfonso XIII sufre un atentado al regresar del acto castrense. 
(4) Creados por R.O. de 30 de junio de 1911. 
(5) "La Gran Vía" (1886); "La Verbena de la Paloma" (1894); "Agua, azucarillos y aguardiente" (1897); etc. 
(6) Este R.D. establece que la Policía Gubernativa de Madrid estará integrada por los Cuerpos de Vigilancia y Seguridad. 
(7) Así se establece en el preámbulo del Reglamento de Uniformidad de diciembre de 1908. 

José Eugenio Fernández Barallobre
(La uniformidad del Cuerpo de Seguridad 1908-1931)



 

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