miércoles, 27 de abril de 2016

Policías inventores

Sin duda, a lo largo de nuestra dilatada historia corporativa, muchos de los integrantes de la Policía Española pertenecientes a cualquiera de los Cuerpos que la han integrado o la integran en la actualidad, han sabido compatibilizar sus funciones policiales con otras en las que sus conocimientos técnicos o su ingenio personal, puestos al servicio de la ciencia, han dado como fruto la invención de alguna máquina o de algún instrumento de poca aplicación a los fines profesionales pero que, sin embargo, causaron admiración en la sociedad de la época en la que fueron inventados.

De los viejos archivos hemos rescatado dos casos que aunque antagónicos, por curiosos y meritorios, merecen ser destacados, al menos recordados para conocimiento de cuantos a día de hoy integramos el Cuerpo Nacional de Policía como fiel testimonio de una parte de nuestro pasado que debe enorgullecernos a todos.


Corría la tarde del 4 de enero de 1911 y el barrio madrileño de Pacífico fue escenario de la presentación y prueba de un nuevo invento que despertó el interés y la curiosidad de los madrileños. Se trataba de un malacate, una máquina a manera de cabrestante, muy usada en la minería para la extracción del mineral o incluso para sacar agua de un pozo para su aplicación al regadío. Sin duda toda una innovación técnica en aquellos años. Su autor, un Capitán del Cuerpo de Seguridad, destinado en Madrid, Justo Conde Martín Corral, auxiliado por el mecánico Ricardo Martín.

La prensa de la época se hizo eco de esta noticia y así, el ABC, en su edición correspondiente al 5 de enero destaca el siguiente comentario: “ante numerosa concurrencia, compuesta en su mayor parte por ingenieros y periodistas, se verificaron ayer tarde, en el barrio del Pacífico, las pruebas de un malacate inventado por el Capitán del Cuerpo de Seguridad D. Justo Conde y el mecánico D. Ricardo Martín...”.

Presentación del malacate inventado por el Capitán Conde (prensa de la época)

Al parecer el resultado de la prueba de este malacate fue satisfactorio pues ocupando poco más de un metro cuadrado de superficie, con un motor de gasolina de tres caballos y tres cuartos, era capaz de elevar agua desde un pozo de 15 m. de profundidad, dando un rendimiento de 30.000 litros por hora con un consumo menor a medio litro de combustible en el mismo espacio de tiempo, quedando demostrado que, en iguales condiciones, podría elevar agua desde un pozo de 50 m. a razón de 12.000 a 15.000 litros por hora. 

El ABC remata la noticia añadiendo que “los inventores fueron muy felicitados por los beneficios que a la agricultura puede prestar este nuevo aparato...”. Al día siguiente este mismo diario inserta en sus páginas una fotografía de las pruebas del invento.

En términos muy parecidos se manifiesta el periódico "La Correspondencia Militar" en su edición correspondiente también a ese mismo 5 de enero que elogia, igualmente, a los inventores de esta máquina. Por su parte, la prestigiosa revista "Blanco y Negro", en su edición del 8 de enero trae a sus páginas una fotografía del malacate rodeado de curiosos y de sus inventores.

Pero, ¿quién era el Capitán Justo Conde Martín? Nacido el 13 de octubre de 1870, debió ingresar en el Ejército, suponemos que en el Regimiento León nº 38 de guarnición en Madrid, con la edad mínima exigida toda vez que con fecha 3 de septiembre de 1888 lo encontramos ascendiendo de Cabo 1º a Sargento 2º siendo destinado al Regimiento de Infantería Canarias de donde, con fecha 30 de septiembre de 1890, sale para Filipinas.

De regreso a España se integra en la Escala de Reserva retribuida; esta Escala había sido creada en 1883 y que en unión de la llamada Escala de Reserva gratuita, nacida tan solo tres años después, formaban la columna vertebral de la Oficialidad de reserva del Ejército. Su cometido fundamental era proveer de oficiales a las unidades de reservistas para que estas, caso de una movilización, pudiesen pasar de pie de paz a pie de guerra en un breve espacio de tiempo. A los integrantes de la Escala retribuida, con ciertos límites de edad, se les ofreció cuatro quintos de sueldo, retirándose a sus domicilios a la espera de una posible movilización. En 1886, se redujeron los limites para el ingreso y se amplió la misma al Arma de Caballería.

En un principio no se permitía que el personal de esta Escala ocupase otras vacantes que no fuesen las de las Unidades de Reserva, sin embargo como consecuencia de los conflictos coloniales, tanto en Cuba como en Filipinas, se optó por modificar esta norma. Consecuencia de ello, en 1895 se ofreció a los Sargentos la posibilidad de promocionarse a segundos Tenientes de cualquier Arma a todos los que estuviesen en disposición de salir a las campañas de ultramar, siempre y cuando contasen con doce años de servicio y seis en su empleo. 

En aplicación de estas modificaciones, en noviembre de 1896, recientemente ascendido a 2º Teniente de la Escala de Reserva, con destino en el Regimiento de Infantería León nº 38, Conde Martín, pasa destinado a la 7ª Compañía del Tercer Batallón de Cazadores expedicionario integrado en la Brigada Independiente al mando del General Galbis que opera en Filipinas.

Con fecha de publicación en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra de 16 de septiembre de 1897, se le concede la Cruz al Mérito Militar de 1ª Clase con distintivo rojo, pensionada por los méritos contraídos en las operaciones de ultramar.

Cierre del campo de Las Corts tras la pitada al Himno Nacional (prensa de la época)

Finalizada la campaña y perdido el archipiélago filipino regresa a España siendo destinado a la Capitanía General de Madrid; en este destino solicita asistir a las llamadas "Conferencias para Oficiales de la Escala de Reserva retribuida" con el fin de ampliar y completar sus conocimientos teórico-prácticos y poder solicitar destino en su Escala, apareciendo como superados los exámenes correspondientes con fecha 4 de noviembre de 1902 lo que le faculta para ascender a Primer Teniente el 31 de octubre de ese mismo año; el 26 de octubre de 1906 se le concede aptitud para el ascenso al empleo de Capitán, cuando le corresponda por antigüedad, lo que se verifica con fecha 6 de mayo de 1908. 

Con fecha 9 de abril de 1908 se anuncia en la Gaceta la convocatoria de ocho vacantes de Capitán en el Cuerpo de Seguridad, para ser cubiertas a medida que estas se vayan produciendo, entre personal de este empleo tanto de la Guardia Civil como de la Escala de Reserva del Ejército. Solicitada por el ya Capitán Conde Martín una de esas vacantes, dentro del plazo establecido y cumpliendo los requisitos, se resuelve el concurso con fecha 1º de junio siguiente, ordenándolo el segundo en la lista con una nota al margen en la que se señala "sirvió en Seguridad"; sin embargo, tuvo que esperar todavía casi un año para poder ocupar una de estas vacantes y así, el 17 de abril de 1909, pasa destinado a ocupar una plaza de Capitán en Madrid en sustitución del de igual empleo Antonio Araguas quien había causado baja al cumplir la edad reglamentaria.

En cuanto a la nota de "sirvió en Seguridad" nos hace suponer que, con anterioridad, en algún momento debió figurar en los escalafones del Cuerpo aun cuando no se ha podido determinar con que empleo, toda vez que en la escalilla cerrada a 31 de diciembre de 1925 y publicada en la Gaceta el solo se le reconoce como antigüedad en el Cuerpo la de 17 de abril de 1909 ya mencionada. 

En este destino se mantuvo hasta el 30 de noviembre de 1918 que ascendido a Comandante retorna al Ejército pasando destinado a la Zona de Movilización de Barcelona. 

Con este empleo regresa nuevamente al Cuerpo de Seguridad quedando adscrito a la plantilla de Barcelona como Comandante donde el 14 de junio de 1925 es quien redacta el informe tras el encuentro de futbol que se celebra el campo de las Corts como homenaje al Orfeón Catalán que enfrenta a al Barcelona, campeón de España de la categoría A, y al Júpiter, campeón de la categoría B, y en cuyo transcurso, ante unos 14.000 espectadores, se silba a la interpretación del Himno Nacional, por lo que entiende que, dada la gravedad de los incidentes, debe proceder a informar a sus superiores por si procediese la adopción de algún tipo de medidas. 

Consecuencia de este hecho y elevado el correspondiente informe al entonces Capitán General de la IV Región Militar y Gobernador Civil de Barcelona, General Joaquín Milans del Boch, en el que destacaba en referencia al hecho y a la responsabilidad del Club que "...ha dado pruebas constantes de su desafecto a España, cuya responsabilidad por estos hechos alcanza de lleno a quien la preside ya que al no corregirlos o evitarlos con la autoridad que indudablemente le da su cargo dentro de ella, es que se hace solidario con los mismos..."; la máxima Autoridad de la Región decreta "haciendo uso de las facultades que me están conferidas, clausurar por término de seis meses el funcionamiento de esa Sociedad (F.C. Barcelona), no pudiendo durante dicho tiempo dar espectáculo alguno en su campo ni concurrir a otros como tal asociación ni usar los emblemas ni distintivos de la Sociedad". 

Y aquí perdemos la pista de este Comandante inventor; casado con María Gómez Montero, sabemos que en los primeros días de julio de 1927, el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, inserta la noticia de su fallecimiento. Contaba cincuenta y siete años de edad. Ignoramos el éxito final que tuvo su invento ni siquiera si llegó a comercializarse, sin embargo para el recuerdo queda este miembro del Cuerpo de Seguridad que trabajó por el desarrollo de España desde una faceta totalmente ajena a la función policial. 

El segundo personaje que traemos a la memoria también guarda relación con Barcelona donde prestó servicio como Guardia, primero, y más tarde como Cabo Conductor del Cuerpo de Seguridad. Vayamos con su historia.

El uso de los cohetes en su aplicación militar viene de antiguo en España. El tratadista Luis Collado refería en su "Platica Manual de Artillería", editada en 1592, que nuestros artilleros "se servían de cohetes para aclarar los alrededores de las plazas y poner en desorden a la caballería enemiga", proponiendo que este tipo de artefactos deberían incrementar su potencia, añadiéndoles petardos, y su eficacia disparándolos desde tubos.

Hay constancia igualmente que durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), el ejército inglés empleó estos medios en diferentes episodios de la guerra, al igual que los franceses que llegaron a utilizarlos en el cerco de Cádiz.

Cabo José Belmonte (prensa de la época)

Durante la I Guerra Carlista (1835) el Ejército liberal empleó una Batería, de efímera existencia, en las operaciones llevadas a cabo en Navarra; posteriormente, con motivo de la Guerra de Africa (1859-1860), el Ejército al mando del General O´Donnell integró entre sus medios una Batería hipomóvil de Cohetes compuesta por ocho tubos lanzadores con una dotación de 450 cohetes.

Tras esta victoriosa Campaña africana, la Batería quedó disuelta y este tipo de armas cayó en desuso en nuestro Ejército pese a los informes favorables elaborados por artilleros de conocido prestigio, no siendo utilizados en ninguna de las acciones en las que participó durante los años siguientes.

Sin embargo, la preocupación por el empleo de armamento de estas características volvió al primer plano de la actualidad con el inicio de la Guerra Civil (1936-1939), activándose en ambos bandos contendientes los trabajos conducentes a lograr la fabricación y empleo de este tipo de ingenios bélicos.

Y es precisamente en este instante cronológico cuando la cohetería militar entronca directamente con nuestro Cuerpo o al menos con uno cuyo historial hemos heredado: el Cuerpo de Seguridad y Asalto ya que uno de sus componentes es el creador de un ingenio relacionado con este tema.

Pese a que los principales esfuerzos en materia de investigación de cohetes se llevó a cabo en el Ejército nacional, el gubernamental también destinó recursos a este tipo de investigaciones, fruto de las cuales surgió el proyecto del denominado "Torpedo aeri" o "Torpedo aéreo" cuyos trabajos de fabricación y primeras pruebas se realizaron en Cataluña a lo largo de 1937 cuando la guerra ya esta iniciada. 

Corresponde el mérito de la invención de este artefacto bélico al Cabo Conductor del Cuerpo de Seguridad y Asalto, destinado en la plantilla de Barcelona, José Belmonte Canellas, un catalán que había nacido en Barcelona el 2 de enero de 1899, proveniente de una familia barcelonesa afincada en el barrio de Gracia de la ciudad Condal.

Las características generales del cohete eran las de ser de sencilla fabricación, muy ligero y de fácil puntería. El tiro contra aviones era la principal función del Torpedo aéreo, aunque su inventor preveía otras versiones, como la de tierra-tierra e incluso la de defensa de costa contra incursiones navales. La versión antiaérea, de unos 10 kg de peso, tenía un alcance máximo de 4 km, apuntándose directamente hacia el objetivo. El lanzador era sencillo, simplemente unas guías de metal por las que se deslizaban las aletas del cohete, todo ello sobre un trípode. El combustible empleado era líquido y la cabeza de guerra similar a una granada de 75 mm, con fundición en forma de piña y espoleta de tiempos. Una mecha lenta la encendía por la ignición producida por la combustión del motor.

El cohete de campaña, de unos 20 kg. de peso, empleado en la versión tierra-tierra, tenía también un alcance máximo de 4 km., disponiendo de cargas rompedoras e incendiarias; en fase de estudio por parte del Cabo Belmonte se hallaba un prototipo mayor, de unos 10 kilómetros de alcance. También, sobre el papel, trabajaba sobre el proyecto del llamado "Torpedo marino", un cohete de gran potencia que sería utilizado para la defensa costera contra buques de guerra.

Ninguno de estos prototipos fueron declarados reglamentarios por el bando republicano, si bien hay constancia de que en 1937 se realizaron algunos lanzamientos de prueba desde el puerto de Vallcarca (Barcelona).

Al parecer, poco antes de caer Barcelona en poder del bando nacional, los planos del proyecto fueron entregados a las Autoridades norteamericanas que los remitieron a los Estados Unidos donde en la actualidad se conservan; en España, el Archivo del Museo del Monasterio de Poblet (Tarragona), conserva fotografías del invento así como la descripción del mismo.

En cuanto a su inventor, el Guardia - en algunos documentos aparece con el empleo de Cabo que debió alcanzar en los primeros meses de 1937, como recompensa a su participación en la represión de la sublevación del 19 de julio de 1936; incluso el mismo se presenta con esa graduación en la carta que escribe al Luis Companys a quien manifiesta su reciente ascenso a esta categoría - Conductor del Cuerpo de Seguridad y Asalto, José Belmonte Canellas, poco sabemos de él. Además de su fecha y lugar de nacimiento, se sabe que, durante algunos años, vivió en Cuba donde aprendió el arte de la fabricación de muebles de mimbre, a lo que se dedicaba la parte de su familia que residía en la vieja colonia española. Con relación a esta industria, nos encontramos que con fecha 13 de agosto de 1914, patenta, con solo 15 años, junto a Ramón Sebastiá Odena, "la aplicación del junco, manila, malaca y servac, solos o cambiados entre sí para la construcción de cestos".

Suponemos que su ingreso en el Cuerpo de Seguridad se produjo a principios de 1934 ya que en el escalafón de 1933, cerrado a 1º de enero de 1934, no figura como activo.

Su primer, y con total seguridad único, destino debió de ser Barcelona cuyas competencias de materia de seguridad las ostentaba, desde 1933, la Generalidad de Cataluña a quien le habían sido transferidas, creándose una Junta de Seguridad que pasó a controlar todos los Cuerpos integrantes de la Policía Gubernativa y con ello, sus efectivos. En este estado las cosas, el 6 de octubre de 1934 Companys proclama el Estado catalán lo que provoca la inmediata reacción del Gobierno de la República que declara el estado de guerra pasando todas las fuerzas policiales a depender del General Jefe de la IV División Orgánica, máxima autoridad militar en Cataluña.

Pese a todo, en los graves incidentes que se producen en Barcelona, un grupo de políticos de izquierdas apoyados por algunos Guardias de Asalto se hacen fuertes en el edificio policial de Vía Layetana, defensa que cesa con la consiguiente rendición a las autoridades de la República y la subsiguiente detención de todos ellos que son trasladados al buque "Uruguay", surto en el puerto barcelonés. 

A este barco es conducido, entre otros, el Guardia Belmonte, de cuya detención da cuenta el diario La Vanguardia en su edición correspondiente al 23 de octubre. Ignoramos si su detención se produjo tras la rendición del edificio policial de Vía Layetana o bien en otra circunstancia; liberado posteriormente, posiblemente con ocasión de la amnistía concedida por el gobierno del Frente Popular a principios de 1936, debe ser entonces cuando centra todos sus esfuerzos en el desarrollo de su cohete. 

Con ocasión de la sublevación fallida del Ejército el 19 de julio de 1936 en Barcelona, participa activamente en los enfrentamientos contra los sublevados que tienen lugar en la zona de Gracia y en la Diagonal con triunfo final para el bando fiel al bando gubernamental.

Torpedo aéreo (internet)

Concluido el proyecto del "Torpedo aéreo", con fecha 20 de agosto de 1937 escribe a Luis Companys a quien le solicita su apoyo para su fabricación en serie, tras realizar las pruebas finales que demostrasen la efectividad de su invento; igualmente en su carta solicita la mediación del político para que permitan que un hermano, Guardia Conductor destinado al Cuerpo de Vigilancia, se le libere del servicio, manteniendo el sueldo, con el fin de prestarle su ayuda en la última fase de fabricación del cohete y cuyo permiso había sido ya denegado por las Autoridades policiales. Desconocemos la respuesta dada por el político pero lo que sí se sabe es que el cohete jamás fue producido en serie ni empleado como arma reglamentaria por el ejército del Frente Popular.

Finalizada la guerra, José Belmonte, se trasladó con su familia a vivir a la localidad turolense de Tramacastiel, donde montó una empresa destinada a la fabricación de muebles de mimbre, regresando finalmente a Barcelona.

Otro curioso personaje que dedicó parte de sus esfuerzos a trabajar en un campo de tan alta tecnificación con el del armamento militar. 

Como ya sucediera en otros trabajos realizados sobre personal que en su día integró los Cuerpos de la Policía Gubernativa nos encontramos con una falta casi total de datos lo que nos impide, a la postre, conocer las vicisitudes de su carrera policial y por tanto traer a estas páginas los hechos más relevantes de sus hojas de servicio.

Quede constancia, sin embargo, de estos dos hombres, integrantes de la Policía Española que aportaron sus conocimientos fuera de los ámbitos estrictamente policiales.

BIBLIOGRAFIA:

Gaceta BOE
Diario Oficial del Ministerio de la Guerra
Hemeroteca de El Correo Militar
Hemeroteca de La Correspondencia Militar
Hemeroteca de ABC
Hemeroteca de La Vanguardia
Hemeroteca de Blanco y Negro
El Reservismo militar en España. José Miguel Quesada González
Cohetes y misiles en España. Revista Defensa
Organos de Stalin made in Spain. Quirón ediciones
Policía y Guardia Civil en la España republicana. Julio de Antón
El torpedo aéreo: un cohete para la República. David Gesali 
El Cuerpo de Seguridad en el reinado de Alfonso XIII (1908-1931). Mismo autor que el trabajo.
Otras fuentes.

José Eugenio Fernández Barallobre,
(artículo publicado en la Revista "Policía")

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