sábado, 21 de mayo de 2016

1968. El atraco a la sucursal del Banco Central de Fernández Latorre

Un suceso que conmovió a toda la sociedad coruñesa y gallega de su tiempo, fue el atraco perpetrado en la sucursal del banco Central de la calle de Fernández Latorre, un diecinueve de noviembre de 1968. En una ciudad donde no pasaba absolutamente, pues la delincuencia era prácticamente inexistente, a las 14,55 horas, cuando el banco ya había cerrado las puertas, se presentó un joven de unos treinta y cinco años, de un metro setenta de estatura, vestido con zamarra color oscuro, con acento marcadamente gallego o portugués, con una pistola, que dirigiéndose a la ventanilla exigió que se le entregara un millón de pesetas. Se estaba fraguando el primer asalto a una entidad bancaria en toda la región gallega.

El sujeto mantuvo tirados en el suelo y sin moverse a los trece empleados de la entidad y obligó a uno de ellos a que le llenara con dinero una bolsa de plástico de color amarillo que le facilitó el cajero, apellidado Mazorra, al que luego llevó el atracador cogido del brazo hasta la puerta de salida. Le dio un empujón y emprendió veloz huida. El atraco apenas duró siete minutos. 

El atracador estaba visiblemente nervioso y dijo varias veces que si alguien se movía, le obligarían a disparar. El botín se elevó a 1.193.000 pesetas. A pesar de que los trece empleados salieron detrás del ladrón, este desapareció sin dejar rastro. Después de una frenética carrera por la calle de Fernández Latorre subió como una exhalación la escalinata de acceso a las calles de Castiñeiras y Santa Lucía. Dos empleados del banco, entre ellos el botones que le persiguieron por unas calles vacías al grito de “al ladrón” perdieron su rastro en la calle de la Falperra.

Foto y retrato robot realizado por la Policía de Juan Pérez Rodríguez, alias “Canteche”, atracador de la sucursal del banco Central de la calle de Fernández Latorre de La Coruña

Una vez cometido el robo, funcionarios de la Jefatura Superior de Policía de La Coruña, se pusieron a trabajar sin descanso. El ladrón se había esfumado como por encanto y la Policía solicitó entonces la colaboración ciudadana. Fruto de ella la primera pista que tuvo la Policía, fue una conversación que un funcionario oyó en un bar de la zona. Dos marineros comentaban con el dueño del establecimiento, si el atracador, no sería un individuo con apariencia de afeminado al que vieron rondar sobre las dos y media de la tarde de aquel día 19, por las inmediaciones de la sucursal del Central. Los marineros señalaron, y en eso coincidieron con los empleados del banco, que el hombre hablaba castellano con un marcado acento gallego, seseando, muy típico de los naturales de las rías bajas. Con todos esos datos se confeccionó un retrato robot, realizado por Manuel Picos y que sirvió como inicio de tan enrevesada operación de busca y captura. 

El retrato muy certero, tan sólo tenía una apreciable diferencia, como se comprobó en el momento de su detención, que consistía en el corte de pelo del delincuente. Con esa pista el Inspector, hoy Comisario Principal, en situación de retirado, Emilio Pérez, recordó que en el mes de julio le había pedido a altas horas de la madrugada, en los jardines de Méndez Núñez, la documentación a dos individuos, uno muy conocido por su desviación sexual y habitual paseante por los jardines y otro que coincidía con los rasgos ofrecidos por los marineros. La investigación llevó a la Policía a conocer que el sujeto que había sido identificado en los jardines, se llamaba Juan Pérez Rodríguez, alias “Canteche” de veintisiete años, soltero, natural de Santa Eugenia de Riveira y vecino de la Puebla del Caramiñal. En el restaurante de su propiedad “Miramar” situado en la Puebla, los agentes encontraron una maleta con parte del dinero, concretamente 618.000 pesetas que estaban dentro de una media. 

Siguiéndole la pista, la Policía supo que se encontraba en Bilbao, donde funcionarios adscritos a la Jefatura de la ciudad del Bocho, lo detuvieron el domingo 8 de diciembre, cuando paseaba tranquila y elegantemente vestido, acompañado de un perrito caniche por una céntrica calle bilbaína. En las dependencias de la Jefatura Superior de Bilbao, en su primera declaración, negó todos los hechos. Trasladado a La Coruña, Juan se derrumbó y le confesó, como me relató el que en ese instante era Jefe de la Brigada, el recordado amigo José Ramón Piñeiro Gómez, todos los pormenores del atraco. Piñeiro, que más tarde sería jefe Superior de Policía de Galicia y Comisario General de la Brigada Político-Social, lo sometió a un hábil interrogatorio, ensalzando su inteligencia y decisión para realizar un atraco que había tenido una gran repercusión en los medios de prensa, radio y televisión de toda España. Piñeiro le convenció que aquella valentía de tener en el instante del atraco la vida de trece personas en sus manos se convertía en ese momento, que venían las cosas mal dadas, en una perfecta cobardía. Tocado en su amor propio el Canteche reconoció que al salir del banco huyó a toda prisa por la escalinata de Fernández Latorre, dirección Castiñeiras y Falperra. Allí se introdujo en una casa del callejón de la Cabana que tenía la puerta abierta y obligó, a punta de pistola, a una señora de setenta años a que le escondiese en una maceta la cantidad de 389.000 pesetas. Se deshizo de su chaquetón, salió de la casa tranquilamente y tomó un taxi en la calle Marqués de Amboage con dirección a Santiago. Desde allí, en coche de línea se dirigió a la Puebla, donde guardó en la maleta, la cantidad de dinero antes referida, dejando en su poder 193.000 pesetas. Regresó a Santiago y tomó desde Lavacolla un avión con destino Bilbao, pero antes hizo un depósito en la SEAT, para comprar un vehículo modelo 124. Tenía previsto regresar a Santiago el día 20 de diciembre. Juan acompañó a la Policía a casa de la anciana, que estaba enferma y que nada tenía que ver con el atraco, pero temiendo que el ladrón volviese a por el botín, no comentó el suceso con ningún allegado o amigo. Allí, enterradas en la maceta estaban intactas las 389.000 pesetas.

Pistola de balines marca Store que utilizó en el atraco El Canteche y parte del botín

La pistola, una Store de balines de aire comprimido, apareció, pasados unos días, en la Puebla del Caramiñal. Quedaba tan sólo un enigma que resolver. Juan había adquirido el bar Miramar en la Puebla unos meses antes del atraco. Cruzando datos con la Jefatura de Bilbao se comprobó que en marzo de ese año de 1968, un individuo vestido de mujer con una pañoleta en la cabeza que resultó ser el Canteche, había atracado una sucursal del banco Popular en la capital vizcaína con el mismo modus operandi del atraco coruñés. Fue un nuevo gran éxito de la policía española que puso fin a un suceso que conmovió a nuestros conciudadanos coruñeses.

Calin Fernández Barallobre

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