viernes, 10 de junio de 2016

El secuestro del niño Pepito Mendoza (1957)

Un 23 de septiembre de 1957, a las seis y media de la tarde, en los jardines de Méndez Núñez, era secuestrado, ante un descuido de la sirvienta, María Castiñeiras, que le cuidaba, el niño de dos años y medio, Pepito Mendoza, cuando jugaba con sus hermanos en los céntricos jardines coruñeses. 

El suceso dio la vuelta a España que vivió en vilo durante los cuatro días que duró el secuestro del pequeño. 

Se pensó primero en un fatal accidente e incluso se llegó a vaciar el estanque de los peces para comprobar que el niño no se había caído dentro. La Policía interrogó a numerosas personas habituales de los jardines, entre ellas al conocido Quijano, un hombre impedido, gran dibujante, que se ayudaba con muletas para caminar y que se pasaba gran parte del día en los jardines pintando a escondidas sobre todo mujeres desnudas. 

Pepito Mendoza en una foto de la prensa de la época

Hijo de un comandante de infantería, el secuestro de Pepito, inusitado caso en aquellos días, hizo correr ríos de tinta. La Voz de Galicia, incluso llegó a vender 50.000 ejemplares, ya que el periodista Vicente Leirachá, dos días después del secuestro, publicaba que el niño estaba vivo en poder de sus secuestradores, una pareja, que lo había llevado a la calle de la Vereda del Polvorín, le habían metido en una barbería cercana, donde le cortaron el pelo al cero y comprado en una mercería un jersey a rayas. Con una actuación laboriosa y certera que confirmaba el antiguo y sólido prestigio de la Policía española, dirigidos por el juez Emilio Celorio y el Comisario Mariano Cabrero, los investigadores comenzaron a desenmarañar el ovillo. 

La dueña de la mercería "Maruja", situada en la Vereda del Polvorín, María Rodríguez Calvo, y una dependienta de la misma, ofrecieron a los Inspectores, una detallada descripción de la mujer que había comprado un jersey de niño, la cual era de baja estatura, gorda, de unos cuarenta y cinco años y que usaba unas gafas de gran tamaño. Tras examinar miles de fotografías de los archivos policiales del Documento Nacional de Identidad se dio en la diana. 

Ante las informaciones aparecidas en la prensa, los secuestradores no tuvieron más remedio que entregar al chiquillo, bajo secreto de confesión, al superior de los Jesuitas ante la iglesia de Santo Tomás. Eran más de las diez de la noche. La noticia corrió de boca en boca por todos los barrios de la ciudad. Una manifestación espontánea de gente, se congregó ante el número 34 de la avenida de la Marina, casa en la que vivía la familia Mendoza. El padre, ante tan abrumadoras muestras de cariño, salió al balcón con Pepito en brazos, que el gran fotógrafo coruñés, Alberto Martí, se encargó con su cámara de inmortalizar para la posteridad. 

Pasados los días, Pepito que era el benjamín de una numerosa familia formada por cinco hermanos, recibió cientos de regalos. Incluso a primeros de octubre, fue invitado por el R. C. Deportivo, que militaba en segunda división, a realizar el saque de honor, en un partido ante el Sestao que ganó el club blanquiazul por cinco goles a cero. Además el club Deportivo le regaló una moto con pedales.

El espectacular suceso, se saldó con la detención de una mujer, Sara Vázquez, maestra de escuela de profesión, que fue localizada por la Policía en Masegoso (Teruel) y detenida por el Inspector Barroso y el Subinspector Oroza ambos pertenecientes a la Brigada de Investigación Criminal de Madrid. Al dar la noticia de la investigación a sus jefes, el Inspector Barroso, que fue quien dirigió sus pistas hacia Sara Vázquez, comentó con profunda alegría. “Hice pleno. Acerté los catorce resultados”.

En su declaración, Sara adujo que había secuestrado al pequeño para justificar una mentira, ya que había coaccionado a su novio, un Suboficial de Intendencia, con el cual mantenía relaciones amorosas desde hacía cuatro años. Parece ser que, hacía tres años, con ocasión de que el novio estaba ausente, Sara le manifestó que estaba embarazada. Unos meses más tarde, para obligarle a casarse, afirmó que había sido madre.

Con motivo de una de las visitas de su novio Juan, -así se llamaba el hombre-, a La Coruña, Sara le mostró un bebe de tres meses que había pedido prestado a una vecina sin que esta conociese el engaño. En otras visitas, Sara realizó la misma maniobra, añadiendo que el hijo lo había dado al cuidado de otra mujer para eludir los siempre mordaces comentarios de la gente. Incluso llegó a bautizar e inscribir en el registro civil al pequeño hijo de la vecina.

Estanque de los peces de los jardines de Méndez Múñez

En el verano del 57 aprovechando la estancia de ambos en La Coruña, el Sargento Rodríguez y Sara se casaron en parroquia de Santo Tomás. Una vez casados, Juan exigió que con ellos viviese en lo sucesivo el infante que creía tener. Ella entonces acosada por la petición de su marido ideó el plan del secuestro.

En sus paseos por los jardines de Méndez Núñez le llamó la atención Pepito por su edad y otras circunstancias que creyó convenientes para los fines que perseguía. Se apoderó de la criatura con el propósito de llevarla consigo a Teruel donde ejercía como maestra, creyendo que el secuestro no sería advertido y que el niño podría darse como desaparecido. A las cuatro hijas de su anterior matrimonio les presentó a Pepito como sobrino de su marido. Le cortó el pelo para desfigurarlo y le puso otras ropas para que pasase desapercibido. Es incuestionable que el marido y las hijas de Sara influyeron de forma decisiva en la devolución de Pepito. Es más, dos de las hijas de Sara fueron las que entregaron al niño al superior de los Jesuitas en las cercanías de la Iglesia de Santo Tomás.

El marido de Sara, Juan Rodríguez Paz, Sargento de Intendencia, fue detenido en Madrid y conducido a una prisión militar. En su declaración alegó que de buena fe creyó a Sara cuando esta le dijo que era su hijo ya que incluso le encontró algún parecido con él mismo. Al conocer por los periódicos el secuestro del pequeño de los Mendoza, comprobó que se referían al niño que tenían en casa. Entonces salió a la calle dispuesto a denunciarlo ante la Policía, pero antes de llegar a la Comisaría se detuvo con unos vecinos que comentaban el suceso y como oyese decir que a los secuestradores los había que lanzar al mar con una piedra atada al cuello, sintió un enorme terror y regresó de forma apurada a su domicilio. Por su declaración, Juan aseguró que había visto al niño en dos ocasiones, la primera cuando el pequeño tenía cuatro meses y la segunda cinco meses después, ambas ocasiones en que rogó a su novia que le mostrase el niño. Ya casado pidió a Sara que llevase al hijo de ambos a casa apara vivir con ellos.

En octubre del año siguiente se vio la vista contra la encausada. El Fiscal acusó a Sara de cuatro delitos: suposición de parto; dos de falsedades y uno de sustracción de menores. Solicitó para ella la pena de trece años de prisión: dos años por cada uno de los tres primeros delitos y siete por el secuestro.

La defensa solicitó apreciación de atenuantes de enfermedad mental y arrepentimiento espontáneo.

En la vista tres psiquiatras reconocieron que el psiquismo de Sara, presentaba ciertas anormalidades que se evidenciaban en su conducta y que disminuían su imputabilidad.

Sara, que padecía neurosis, fue juzgada y condenada a una pena de tres años de prisión menor por sustracción de menores y cuatro meses por cada uno de los delitos de falsedad en bautizo e inscripción fraudulenta en el registro civil del niño de la vecina a quien intento sin conseguirlo, a ojos de su esposo, hacer pasar por su hijo. El Sargento Juan Rodríguez salió absuelto. 

En el año de 2009 en Valencia, ciudad en la que residía, falleció el fotógrafo José Mendoza, Pepito, para todos los coruñeses. 

Calin Fernández Barallobre.

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