lunes, 18 de julio de 2016

1935. El crimen del parque de Riazor

Dos trágicos sucesos empañaron y tiñeron de dolor, tristeza, misterio y miedo, las fiestas coruñesas de agosto de 1935, que tuvieron como jornadas estelares, una gran velada de boxeo celebrada con gran éxito de público en la plaza de toros y donde el combate estelar fue protagonizado por Ignacio Ara que se enfrentó al francés Lepersant al que derrotó en una magnífica pelea.


En el teatro Rosalía de Castro hubo colas en todas las funciones para presenciar la película “Granero” dedicada a la memoria del infortunado matador de toros Manolito Granero muerto en Madrid en 1922. De nuevo la plaza de toros se llenó de publico que salió muy satisfecho al comprobar el buen hacer de grupos folclórico de Asturias y León que unidos al coruñés Cántigas Da Terra protagonizaron un magnifico festival regional. Raquel Meyer triunfaba en el teatro Linares Rivas. 

El parque de Riazor

El Real club Deportivo que presidía José María Salvador y Merino, hacía cambios en su junta directiva. Los jardines del Relleno y Méndez Núñez lucieron una vistosa iluminación y miles de ciudadanos se divirtieron con las casetas de feria que llenaban el paseo así como con las músicas de las bandas del Regimiento de Zamora y del Hospicio que ofrecieron notables y diarios conciertos y actuaciones. 

El Sporting Club, como venía siendo habitual, diseñó tres magnificas verbenas para los días de fiesta que tuvieron una enorme aceptación entre socios y forasteros que llenaron con su presencia el parque del Camino Nuevo, adornado de forma elegantísima y vistosa. Se concluían las obras de la nueva estación del ferrocarril de San Cristóbal y por supuesto en el programa de fiestas se incluyeron dos corridas de Toros, una con astados de la ganadería de Julián Hernández antes Vicente Martínez para Marcial Lalanda, Fermín Espinosa “Armillita Chico” y Domingo Ortega y otra con Toros de Ernesto Blanco antes Parladé para Joaquín Rodríguez “Cagancho”, Vicente Barrera, Domingo Ortega y Curro Caro. En esa corrida hubo que lamentar la muerte del banderillero de la cuadrilla de Curro Caro, Francisco Moreno “Dientes”, que fue enganchado por el toro al tratar de banderillearlo y que lo derribó, lanzándolo posteriormente hasta en tres ocasiones por los aires. Fue retirado de forma urgentemente en dirección a la enfermería, dejando un gran reguero de sangre en la arena. En la enfermería, donde fue atendido por los doctores Collazo y Sández, ayudados por el practicante Antonio Vázquez, el coadjutor de la parroquia de Santa Lucía le administró a Moreno la Extremaunción y a los pocos instantes el infortunado banderillero falleció en la mesa de operaciones de la enfermería de la plaza coruñesa. 

No sería sin embargo la única muerte violenta que se produciría en la ciudad en aquel ciclo festivo. En los jardines cercanos al parque deportivo de Riazor, donde habitualmente disputaba sus encuentros el Real club Deportivo, apareció el cadáver de un viajante de comercio de una casa de pañería de Barcelona, natural de Villalba, llamado Francisco Carballal Guerrero. El bárbaro asesinato se perpetró al anochecer y según los primeros indicios, el muerto tenía fracturada la base del cráneo en una extensión de ocho centímetros que alcanzaba hasta el parietal. Además el cadáver presentaba erosiones y arañazos por todo su cuerpo y una lesión traumática en la zona escrotal. Una gran piedra podía haber sido el arma del crimen. Los Inspectores del Cuerpo de Vigilancia e Investigación, comprobaron que el suceso tenía todos los agravantes de nocturnidad, alevosía y engaño, pues se presumía con fundamento que el señor Carballal pudo ser atraído a la zona donde fue asesinado por una mujer. 

El autor, y posiblemente un cómplice, le asesinaron y desvalijaron llevándose la cartera, el reloj y otros objetos de valor de la víctima. La Policía inició sus pesquisas, siguiendo varias pistas y en los primeros instantes llamó a declarar, entre otras personas, al dueño de la fonda de la calle de la Estrella, donde estuvo alojado Carballal y a un sastre y su hijo que le debían al viajante una importante cantidad de dinero perteneciente a una pañería de Sabadell, comprobándose que nada tenían que ver en el suceso. 

Las noticias falsas y los bulos corrieron con una inusitada rapidez por toda la ciudad y no hubo tertulia donde no se hablase del atroz asesinato. 

Días después y tras ardua labor de investigación, sobre todo a raíz de un comentario, que pareció intrascendente, de un individuo realizado en un mesón de San Roque acerca de que dos conocidos suyos manejaban en esos días bastante dinero, los Inspectores detuvieron a los acogidos en el Refugio de la Caridad, José Sánchez y Ramón Álvarez Rey, comprobándose que el móvil del asesinato había sido el robo. 

Los autores del crimen que al principio negaron su participación en los hechos, pero a medida que avanzaba el interrogatorio del Comisario López, uno de los encausados, el apellidado Sánchez, comenzó a dar muestras de gran excitación y quiso rectificar en todo la versión policial de los hechos cayendo en importantes contradicciones. Tras arduo interrogatorio terminó por confesar que había sido cómplice, acusando a su compañero Ramón Álvarez de ser el autor material de crimen. Sánchez y Álvarez fueron sometidos a un careo, acusando el primero de ellos a Ramón, de haber asestado al viajante el golpe mortal con una piedra mientras Sánchez lo sujetaba por la espalda. No contento con ello Ramón Álvarez propino una terrible patada en el bajo vientre a la víctima cuando esta ya yacía en el suelo. Luego se llevaron 500 pesetas que el finado tenía en su cartera, además de otras seis mil pesetas. 

Francisco Carballal era una persona muy apreciada y conocida en La Coruña pues se encargaba de servir artículos de pañería a numerosos comercios y sastrerías de la ciudad. El cadáver del señor Caballal, del que se hizo cargo un hermano, recibió cristiana sepultura en su localidad natal de Villalba.

Calin Fernández Barallobre




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