jueves, 17 de noviembre de 2016

La heroica defensa de la Comisaría de San Sebastián (1930)

El origen de estos luctuosos sucesos que costaron la vida a dos miembros del Cuerpo de Seguridad hay que buscarlo muchos años atrás; hay que retrotraerse a los duros años de la campaña africana a la que puso fin, o al menos, dio pie al inicio del fin, el brillante desembarco en la bahía marroquí de Alhucemas donde el Ejército y la Armada, con apoyo de algunas unidades de la Marina de Guerra francesa, lograron finalmente internarse en el corazón del Rif y poner fin a los sueños republicanos de Abd el-Krim. 


En aquella campaña, larga y luctuosa para España, fueron muchos los militares, desde General a Soldado, que escribieron con valentía y honor páginas de heroísmo haciéndose, algunos de ellos, acreedores a las más altas condecoraciones otorgadas por nuestro Ejército.

Sargento Emilio Montero Geta (Revista "Policía Española")

Uno de estos hombres fue el Teniente Fermín Galán Rodríguez quien prestando servicio en la 7ª Compañía de la 3ª Bandera de la Legión, demostró su arrojo y valentía en la zona oriental del Protectorado con ocasión de la toma de la posición de Sidi-Messaud, cerca de Ben Tieb, resultando emboscada su Unidad en el Aduar de Xeruta, donde se registraron enfrentamientos cuerpo a cuerpo con varias bajas, entre ellas las del citado Teniente que resultó herido. Su comportamiento le valió que su Jefe, el entonces Teniente Coronel Francisco Franco, lo citase como destacado en la Orden del Día y en el Parte de Operaciones.

Pese a todo, abierto el correspondiente expediente contradictorio para la concesión de la Laureada de San Fernando, se sustanció negativamente lo que, a decir de algunos autores, produjo en el Teniente un sentimiento de rencor ante lo que consideraba una injusticia.

Galán, tras participar, en 1926, en la llamada Sanjuanada para derrocar al General Primo de Rivera, fue arrestado y condenado a seis años de cárcel que pasa a cumplir en el castillo barcelonés de Montjuic, donde entabla contacto con diferentes anarquistas penados en aquella fortaleza militar.

Tras la caída de Primo de Rivera y acogiéndose a la amnistía decretada por el General Berenguer, solicita su reingreso en el Ejército, siendo destinado con el empleo de Capitán al Regimiento de Infantería Galicia nº 19, de guarnición en Jaca. Por estas fechas, Galán, ya había entrado en contacto con la masonería.

Una vez en la localidad oscense contacta con el llamado Comité Nacional Revolucionario, constituido por individuos de tendencia republicana tras la firma del llamado Pacto de San Sebastián, firmado por los Partidos republicanos en esta ciudad el 17 de agosto de 1930, y el 12 de diciembre de 1930 se subleva en la plaza, en unión de otros militares y paisanos, proclamado, de forma unilateral, la República.

Abortada la sublevación, es detenido y tras un Consejo de Guerra sumarísimo condenado a muerte en unión del también Capitán Angel García Hernández, destinado en el Batallón de Cazadores de Montaña La Palma nº 8, siendo fusilados en el acuartelamiento de Fornillos, sito en las proximidades de Huesca, el 14 siguiente. 

Guardia Ciclista Modesto López Muniain (Revista "Policía Española")

Este hecho, unido a la conjura existente a la que no fueron ajenos destacados líderes de tendencia izquierdista, provocó una efervescencia republicana que se puso de manifiesto en diferentes localidades españolas, especialmente en Cuatro Vientos, además de la ya mencionada Jaca, lo que obligó a las Autoridades a declarar el Estado de Guerra en todo el territorio nacional y a la práctica de diversas detenciones de los elementos más destacados de este movimiento que a través de los llamados Comités Revolucionarios agitaron varias ciudades españolas.

Dentro de este ambiente revolucionario se enmarca lo sucedido en San Sebastián en la madrugada del 15 de diciembre, un día después de los fusilamientos. Aquella madrugada, a eso de las seis y media de la mañana, se presenta en la Comisaría del Cuerpo de Vigilancia, sita igual que la Prevención del Cuerpo de Seguridad, en el edificio del Gobierno Civil, un individuo de nombre José Gabriel Basozábal Inzalu, quien se interesa por un sindicalista detenido que, junto con otros individuos, se encontraba en los calabozos de la dependencia policial.

Al responderle los Guardias de Seguridad de servicio que volviese más tarde, el individuo, sin mediar palabra, extrajo una pistola que llevaba oculta bajo sus ropa e hizo fuego indiscriminado contra los Guardias allí presentes, momento en el que irrumpieron en la dependencia más de veinte individuos con la intención de apoderarse, además de las dependencias policiales, del Gobierno Civil de la Provincia.

En aquel momento en la dependencia policial se hallaba un Inspector y cuatro Agentes del Cuerpo de Vigilancia, así como un Sargento, un Cabo y once Guardias del de Seguridad. 

Entablado un tiroteo en el que el personal de ambos Cuerpos, con bravura y valentía, defendió la instalación, lograron repeler el intento de asalto haciendo que los atacantes se pusiesen a la fuga.

Resultando de estos hechos muertos el Sargento del Cuerpo de Seguridad Emilio Montero Geta, que recibió un impacto en la cabeza, y el Guardia Ciclista del mismo Cuerpo Modesto López Muniain, que fue vilmente asesinado en la plaza de Guipúzcoa cuando los agresores se cruzaron con él tras el intento frustrado de asalto, alcanzándolo con cuatro disparos; igualmente cinco Guardias resultaron heridos de diferente consideración, algunos de ellos graves.

Tras la refriega que duró más de veinte minutos y la huida de los atacantes, se iniciaron las gestiones que condujeron a la detención de José Gabriel Basozaga y de otros cabecillas quienes manifestaron, al ser interrogados, que las armas se las habían entregado en un local de Irún con órdenes concretas de cometer el atentado en la seguridad de que al día siguiente se proclamaría en toda España la República. Consecuencia de estas detenciones también se intervinieron gran número de armas y explosivos.

Entierro del Sargento y el Guardia asesinados en San Sebastián

Las pertinentes pesquisas policiales concluyeron que el cerebro de esta operación terrorista fue el director de "La Prensa", Manuel Andrés Casáus, que ya se había distinguido en los graves sucesos acaecidos en Barcelona de 1909, en la llamada Semana Trágica.

A las tres de la tarde del día 16 comenzó el funeral del Sargento y el Guardia cuyos cuerpos se encontraban depositados en el Hospital Militar de San Sebastián. En la cuesta de Aldapeta esperaban centenares de personas que en señal de duelo acompañaron espontáneamente a la comitiva fúnebre.

La prensa de la época describe con detalle el cortejo fúnebre compuesto por varios Guardias municipales, que abrían la marcha; el clero parroquial del Buen Pastor con Cruz alzada, la carroza que conducía los restos del Sargento Montero; la segunda carroza con el cuerpo del Guardia López de Muniain, seguidas de un Pelotón del Cuerpo de Seguridad, con tercerolas, al mando del Sargento Rusafa y Guardias ciclistas cerrando el piquete.

El duelo iba presidido por el Alcalde de la ciudad, Gobernadores Civil y Militar, Segundo Comandante de Marina, Presidente de la Audiencia, Teniente Fiscal de la misma, Delegado de Hacienda, Presidente en funciones de la Diputación, otras autoridades y familiares de los caídos.

A continuación seguían nutridas representaciones de todos los Círculos, Casinos, Sociedades y entidades de San Sebastián; comisiones de Jefes y Oficiales de los Cuerpos de la guarnición; Guardia Civil, Carabineros, Miqueletes y Marinos; Diputados provinciales, Tenientes de alcalde y Concejales; representantes de la Banca, Comercio e Industria, del Clero y ciudadanos de todas las clases sociales, hasta cerca de tres mil. 

La comitiva fúnebre cruzó las calles Easo y Urbieta, para llegar a la plaza del Buen Pastor, donde hizo alto y se rezaron dos responsos, continuando por la calle Loyola a la Avenida, entre apretadas filas de público que descubierto y en imponente silencio presenciaba el paso del triste cortejo. En los balcones del recorrido se apiñaba el público y en el puente de Santa Catalina éste era numerosísimo. Al llegar al final del mismo se rezó otro responso despidiéndose el duelo.

El Sargento Montero era padre de siete hijos, huérfanos ya de madre quien había fallecido el mismo día del año anterior. Por su parte el Guardia López Muniain era casado y padre de tres hijos de corta edad; tanto el Sargento como el Guardia llevaban años destinados en la guarnición policial de San Sebastián donde gozaban de gran aprecio y consideración.

Bibliografía:

Revista "Policía Española"
Prensa de la época
El Cuerpo de Seguridad en el reinado de Alfonso XIII (1908-1931). Mismo autor del artículo.

José Eugenio Fernández Barallobre.






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